A propósito de la Sala de lo Constitucional

Vallés en la sección tres de su libro introductorio a la Ciencia Política hacer referencia a la importancia del control de la constitucionalidad y a la necesaria interpretación de la constitución para dirimir los conflictos sobre las reglas que marcan la cancha a los distintos poderes.

Esta interpretación le corresponde, de acuerdo al texto, a los tribunales constitucionales quienes, se supone, están conformados por expertos en derecho que son nombrados, dependiendo del sistema, por el parlamento o de manera conjunta con otros actores de la vida política y que no tienen ninguna vinculación partidaria, al menos legal (inscritos en un partido).

Estos tribunales, de acuerdo a algunos analistas son considerados un “cuarto poder” y gozan de una importante independencia de las mayorías política, supuestamente para tomar decisiones de manera autónoma. Tienen un súper poder pues su “palabra es definitiva y no acepta apelaciones sobre las reglas del juego contenidas en la constitución”.

Me parece importante que exista un mecanismo para dirimir conflictos sobre reglas del juego, también que los órganos de poder deban de tener cierto grado de independencia unos de otros, en lo que no estoy de acuerdo es en darle un cheque en blanco a un “cuarto poder” para que bajo la bandera de la “independencia” y los dueños de la verdad, pongan la última palabra sobre decisiones políticas sin que se les pueda interpelar como si la verdad fuera absoluta.

Luego de algunas resoluciones polémicas que emiten los magistrados de la Sala de lo Constitucional como el voto cruzado recientemente y de otras que convenientemente callan y tienen engavetadas como la Amnistía, algunos casos de violaciones a derechos humanos, la dolarización o el TLC, recuerdo el Editorial UCA de diciembre de 2014 que en su último párrafo concluye sobre el poder desmedido, a mi juicio, que tiene este organismo al asegurar que “se puede llegar al extremo de creer que las decisiones que se toman (en la Sala de lo Constitucional) solo pueden ser apeladas ante una corte celestial.”

La independencia es necesaria para tomar decisiones cuando uno es el árbitro de un partido, la estabilidad también –no olvidemos que los magistrados de la Sala de lo Constitucional son elegidos para nueve años-, sin embargo pensar que uno jamás se equivoca y que nadie puede corregirnos la plana es un peligro para el sistema de poder. En definitiva considero que, si todos los demás órganos en mayor o menor medida están sometidos al control o vigilancia de otros, la Sala de lo Constitucional por ser el árbitro central también debería de someterse estas reglas.

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