Ideología y polarización

Durante la campaña electoral era común escuchar tanto a candidatos a puestos de elección popular y a algunos “analistas políticos” que lo que este país necesitaba –como receta mágica para avanzar en el desarrollo sostenible- era “dejar de lado las ideologías que tanto daño nos hacen y trabajar por el bien de la gente”. ¿Tenemos que desechar nuestra ideología entonces?

Si uno no sabe qué es la ideología y piensa que el término se reduce a ser derecha o izquierda y que en este país hay dos ideologías aparentemente contrarias -ser del FMLN o de ARENA- que nunca se van a poder poner de acuerdo; entonces sí, tiene sentido desideologizarnos.

Pero Vallés dice que la ideología es -en términos prácticos- un conjunto de ideas, de valores y de cosas en las que uno cree. Más allá de las ideologías lo que frena el trabajo en conjunto entre personas con distintas visiones, ideas y valores son los intereses particulares o colectivos que representan o que los patrocinan. No es posible, desde mi punto de vista, andar por el mundo sin ideología y menos hacer política sin creer en nada pretendiendo creer en todo.

Un estudio de la Universidad de Vanderbilt de 2012 sobre Cultura Política de la Democracia en El Salvador y América Latina, señala que cerca de un 70% de los salvadoreños dice no sentir simpatía por ningún partido político; de igual forma, en un gráfico sobre la ubicación ideológica hay un buen número de personas que se sitúan entre cuatro y seis, donde 1 es izquierda y 10 es derecha. ¿Quiere decir que estas personas no tienen ideología o que la dejaron de lado? No, siguen creyendo en cosas y compartiendo valores, sólo se encuentran ideológicamente al centro.

El llamado de los políticos a “dejar las ideologías de lado” mas bien es una estrategia para ganar adeptos que no se sienten a los extremos y que –erroneamente- creen que la ideología es mala. En el fondo, lo que estos políticos y analistas están haciendo no es llamar a desideologizarnos, eso sería llamarnos a no creer en nada –aunque también les sería útil-, sino a despolarizarnos.

De allí surge una última pregunta: ¿Es buena o mala la polarización?

En general considero que la polarización política es mala. Posturas tan extremas y diferentes entre sí pueden llevar a la ingobernabilidad pues limita los puntos de coincidencias. Los partidos políticos en El Salvador, sobre todo en época de elecciones, buscan incrementar la polarización para reforzar el voto duro y reducir la brecha de los centros hacia los extremos, es casi como obligar a la gente en un momento a decidir entre uno de los dos.

GANA en ese sentido juega un papel clave de pivote para la toma de decisiones y también como un espacio de encuentro ideológico para los que no se sienten tan a la derecha arenera ni tan a la izquierda. Sin embargo, aún es necesario que surjan otros partidos políticos y construyan estructura partidaria y territorial para reducir la polarización y que, las personas con otras ideologías encuentren su espacio. Obviamente al tener tantos partidos si bien la democracia crece, la gobernabilidad se reduce, es más fácil poner de acuerdo a tres que a diez.

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