
Guerrilleros de las FPL encendieron jirones de tela para iluminar la improvisada pista de aterrizaje en el cantón Ánimas Abajo, al sur de Zacatecoluca. Era la madrugada del 25 de noviembre de 1989 cuando los insurgentes esperaban una nave de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias de El Salvador (FARES). La inteligencia militar cree que en esa nave entraron los misiles antiaéreos que pretendían inclinar al lado efemelenista la guerra. Minutos antes, otro avión guerrillero se había estrellado en un cantón de Usulután con 24 misiles soviéticos y uno norteamericano. El hallazgo encendió los ánimos de Estados Unidos a tal punto de tensar su relación con la Unión Soviética. Esta es la historia de una unidad élite secreta del FMLN. Su misión fue transportar los misiles, acción que supuso un desafío a un pedido explícito del mismísimo servicio de espionaje soviético, KGB.
Aquel día tenían que aterrizar dos aviones guerrilleros. El exitoso, un Acero Commander de seis plazas, hacía una maniobra brusca para enfilar a la improvisada pista la madrugada del 25 de noviembre de 1989. Todo era oscuridad, lo que complicaba la tarea de aquel piloto que intentaba mantener bajo control una nave que llevaba a otros tres militantes de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), una de las cinco organizaciones que conformaban la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. El aparato, con capacidad para llevar casi una tonelada de carga, enfilaba hacia un claro del cantón Ánimas Abajo, unos ocho kilómetros al sur de Zacatecoluca, La Paz. Una región con topografía más o menos plana.
En tierra, Julio Hernández, ahora dirigente del partido Frente Democrático Revolucionario (FDR), le servía de faro. Hernández era segundo al mando de aquella zona, por debajo de Milton Méndez, seudónimo de Medardo González, actualmente coordinador general del FMLN.
Sus ojos presenciaban la operación más importante hasta entonces de lo que ya se hacía llamar las Fuerzas Aéreas Revolucionarias de El Salvador (FARES), una unidad secreta que pretendía convertirse, un día, en las alas combativas del FMLN.
Hernández juntó trozos de ropa y les prendió fuego. El fuego ayudó al piloto a ubicar la pista. El aterrizaje fue violento y el bimotor se rompió, pero los tripulantes resultaron indemnes.
La inteligencia militar relató que los tripulantes descargaron armamento cuya circulación tenían restringida las dos potencias de la guerra fría: misiles antiaéreos soviéticos y estadounidenses.
Minutos después de descargarla, los rebeldes quemaron la nave. Ese sábado se cumplían dos semanas de la “ofensiva hasta el tope” del FMLN.
Tomado de un suplemento de La Prensa Grafica
En la madrugada del día once de noviembre, nos habíamos despertado con una sinfonía de balas, mi primo “naido”, Aloncito, “lico” mi hermano y yo, relajeábamos tirándonos pedos, contando chistes y descifrando las detonaciones.
— “olli”, “olli”, ya vas a ver, después de esos tiritos, vienen disparos mas fuertes — decía mi hermano a mi primo
— Puta, hoy si les gusto a estos, ya es de día y continúan disparando — No jodas, que no ves que dicen que es la ultima “intentona”
— “Memierda” Lico, que pedo mas amargo “tias” dejado ir — decía Aloncito mientras se tapaba alejándose de mi hermano
— !Naido!, !Naido! — Acabo de ver pasar a “Cobija” y a “Serrucho” van con un grupo de subversivos — Interrumpí diciéndoles muy afanado y sorprendido. Era la primera vez que miraba amigos de la infancia, formando parte de un escuadrón de asalto de las FPL. La mirada demacrada de “Cobija” delataba su falta de animo para empuñar aquella arma que llevaba ya sin seguro y en posición de ráfaga; únicamente se limito a saludar moviendo su cabeza de arriba abajo al son de su caminar a paso largo pegadito a la acera.
Las balas no paraban de sonar y se corría el rumor de que ya habían quemado al “mazzinger” (vehículo famoso por intocable, del Destacamento Militar N° 9 de Zacatecoluca), mientras tanto gran cantidad de paramilitares subían las calles empedradas de la colonia, las detonaciones se empezaban a escuchar cada vez mas cerca.
— !Bichos! dice tu tata que se vengan para “dentro” — Exclamo mi mama, acercándose a nosotros con un “chilillo” en la mano; por nuestra parte, solo deseábamos espiar un ratito mas para luego acatar las ordenes, pero desgraciadamente la historia empezaba a escribirse. El zumbido de aquella bala perdida me dejo atónito. —!Hay ya nos dieron! exclamo mi primo, al tiempo que se desplomaba hacia el suelo dando un tan solo paso hacia atrás; en segundos el piso de tierra húmeda de aquella vivienda, se lleno de muchísima sangre y yo que no lograba asimilar lo que mis ojos veían, salí corriendo a dar el aviso a mis padres. —!Le dieron a Naido, le dieron a Naido! grite ya con lagrimas en mis ojos y con la angustia que resecaba mi garganta. Mi madre soltó en llanto y mi padre enmudeció rascándose la cabeza mientras observaba el inerte cuerpo de mi primo Naido yaciendo en el suelo, rodeado por un charco de sangre y pedazos de sesos esparcidos por todos lados. No nos habíamos percatado de la agonizante situación que vivía mi hermano, pues tenia un impacto de bala en su pecho y un borbollón de sangre que se desparramaba en todo su cuerpo —!No quiero morir, no quiero morir! decía con su mirada perdida y asustada mirando hacia el techo de la casa rogando por un milagro que pudiera salvarlo.
Entre la desesperación de querer pedir auxilio y el nerviosismo que causa escuchar disparos por todos lados, yo no encontraba que hacer, no sabia si llorar o dedicarme a buscar la mejor forma de pedir ayuda por mi hermano herido. como pude, suplique a una vecina para que llamara a la Cruz Roja para que llegaran a auxiliarlo.
El enfrentamiento había cesado por un breve momento, mi hermano en el hospital; mi primo, muerto. Era una completa desgracia para nosotros haber corrido esa suerte; Naido murió sin tener la oportunidad de declarársele a Wendy, la niña bonita del grado; su madre, en Guatemala prostituyéndose y mi tío ignorando su partida allá en el cantón trabajando en las siembras.
La gente empezó a llegar y a verter sus propios comentarios sobre lo ocurrido. No supe quien forro con papel de diarios un cumbo de leche nido y lo puso junto al cadáver que yacía adornado con una vela, a la espera de que Medicina Legal llegara por su reconocimiento. Algunos lloraban, pues le conocían, otros solamente lamentaban la muerte de un joven de apenas quince años de edad. Naido tenia el sueño de poder estudiar contabilidad, trabajar y ayudar a mi tío con los gastos de la casa, apenas estábamos cursando el séptimo grado pero teníamos sueños y muchas metas propuestas, se había enamorado de Wendy, una niña muy bonita de la escuela; pero también le hacia ojitos a Flor, otra jovencita que llegaba a comprar tortillas cerca de donde vivíamos.
Después que Medicina Legal, reconociera el cadáver en sitio; ese mismo día, ya casi al final de la tarde, tuvimos que caminar hacia el cantón, llevando en hombros el cadáver de mi primo, hacia el lugar donde seria enterrado. Había llovido y el olor a tierra mojada se confundía con el olor peculiar de la formulina y la cera de las velas amarrillas que yo llevaba bajo el brazo. Atrás quedaban aquellos sueños y los recuerdos repentinos de los buenos momentos que vivimos, como cuando juagábamos haciendo zumbar “chacaleles” o cuando hacíamos pitos de las matas de “piñal”. La noche tiño por completo cuando llegamos al rio “apantilla”, allí nos esperaba una delegación de asustadas ranas cantando sin cesar y una comitiva de luciérnagas que aumentaban mi más profundo miedo a la oscuridad, nos tuvimos que cruzar lo largo y ancho del llano de “Luis Adán Carranza” hasta llegar al cantón San Francisco los Reyes.
Enterramos a mi primo y tuve que quedarme en mi cantón, pues los enfrentamientos se habían recrudecido y era muy arriesgado poder regresar. la guerrilla había minado algunos caminos, por tanto no era recomendable transitar. Tuve que quedarme en aquella vieja casa donde naci y crecí, la llama triste de aquel “candil” lograba que pudiéramos vernos por lo menos las caras, mis demás primos mi tío y el chucho “Ringo” testigo de muchas de mis tristes alegrías y acongojadas penas.
Aquella noche, el ruido de la puerta de lata me despertó abruptamente, — Abran!, no tengan miedo compañeros; somos de las efepeele. Pude calcular no menos de cincuenta personas afiladas una a una en el patio de la casa. — Necesitamos que nos colaboren, así que cipotes de catorce años en adelante, por favor vístanse que tenemos una misión que cumplir. Decía aquel hombre barbado, rodeado por cuatro sujetos más que aguardaban a cierta distancia. Sin poner la más mínima resistencia, me puse mis zapatos de hule y una camisa manga larga y me acomode a un brazo de distancia del que me antecedía. Así caminamos en fila india hasta llegar al Cantón el Despoblado donde había aterrizado el avión con el cargamento. Aquel aterrizaje forzoso, había sido en llanos de “López” (Juan Miguel López) un terrateniente al que por respeto todos en el cantón le decíamos “tío”. Había matado por lo menos una quincena de guerrilleros por negarse a pagar la contribución de guerra; sin embargo era buena gente, para mi cumpleaños numero siete, me regalo aquel buey blanco que bautizaron con el nombre de “primor”. “Juguete” era su compañero, se lo había regalado a mi padre por cumplir quince años de servicio como albañil en su hacienda.
Me toco salir de aquellos lodazales, con dos cajas de munición sobre mis hombros; pesaban mucho pero nada agobiaba mas que el cansancio y el sueño, nos cruzamos toda la calle principal del cantón Animas Abajo, Animas Arriba, pasando por la hacienda la Magdalena, hacíamos un pequeño descanso de diez minutos y volvíamos a emprender la marcha con todo ese arsenal a cuestas.
Como a las cuatro de la madrugada, estábamos llegando al lugar indicado para que otras personas nos recibieran el “material”. Y con ello, una nueva estrategia de ataque aéreo se fraguaba para aquel entonces, sin que tiempo despues, lograran cosechar sus frutos. Nuestro reclutamiento fue temporal, fuimos devueltos a nuestras casas no sin antes hacernos la invitación de “empuñar las armas”, pero se quedaba el que quería, nada era a la fuerza, debo reconocer que la guerrilla tenia maneras muy persuasivas para ejercer su reclutamiento y destaco la manera tan amable en que nos trataron aun cuando en esa época todo era dictatorial. Al amanecer de ese día, me lleno de mucha sorpresa saber que habíamos cruzado la línea enemiga a pocos metros sin que los militares pudieran darse cuenta. Recuerdo con mucha nostalgia los tiempos en que la oposicion luchaba y ejercia cierta habilidad para burlarse del enemigo en sus propias narices; ahora parece que todas esas tacticas audaces, asi como la guerra de balas; son cosa tambien del pasado.
Saludos cordiales a quienes me leen.

